Intermediarios de mundos | Contenido Original

Anabel se acerca presurosa a la oscura orilla. La observa con inquietud, la palpa con la vista, se atemoriza ante la descomunal fuerza del agua. Desde hace quince días no ha podido tomar la curiara.

Unas lluvias repentinas, fuera de temporada, han incrementado el caudal del río. Los baquianos ya le han advertido que en esas condiciones es una temeridad iniciar cualquier travesía, por pequeña que sea. Ni el más diestro se atrevería a enfrentarse a la potencia de ese torrente acuoso. Solo queda esperar…


De vuelta a su habitación, en el pequeño pueblo donde reside desde que decidió emplearse como maestra rural, va pensando en los misterios que rigen los encuentros en la vida… Piensa en su niñez. En el tiempo en que ni siquiera podía pronunciar una palabra en español, un idioma que siempre le resultaba extraño,  esquivo,  y que en nada coincidía con la lengua que ella hablaba. Uno de los tantos dialectos autóctonos de las selvas amazónicas.

Recuerda con cariño el día en que llegó aquel hombre, como sus pequeños ojos trataban de descifrar el movimiento de los labios.

Hasta el río quiso ser generoso con el forastero, las aguas lo recibieron con dulzura. « El viaje en la curiara fue como patinar por una superficie pulida», comentó el visitante al misionero que lo acompañaba.

 


Fueron muchos los encuentros que necesito Anabel para pronunciar con claridad el nombre del Maestro. Su lengua no encontraba la forma de articular los extraños sonidos. Pero al final triunfó la tenacidad y un buen día la niña dijo limpiamente: “Manuel”. Anabel recuerda que del grupo de niños ella fue la primera en lograrlo, y desde ese momento sus oídos se abrieron para captar los complejos matices de su nueva lengua.

Manuel era de otra etnia,  emparentada con la de Anabel. De pequeño siguió un proceso parecido al que le tocaría a la niña. También recibió su primera formación de un Maestro, un intermediario entre dos mundos, el del indígena y el del hombre blanco. Pronto destacó en el aprendizaje de los nuevos códigos. Los ancianos se fijaron en él y lo enviaron a  la Misión para continuar el aprendizaje del español. Luego se trasladaría a la ciudad, donde gracias a una beca, lograría hacer estudios universitarios en educación intercultural.

Para Anabel el asunto fue un poco más complejo. Los ancianos no veían con buenos ojos que la niña saliera fuera de la comunidad. Lo normal era enviar a los varones. Pero Manuel logró convencerlos que la niña poseía las mejores cualidades para formarse como maestra…


Han pasado tres días desde la última vez que vio la negrura del agua. Es temprano en la mañana. A simple vista el río se ve mucho más calmado. El baquiano responde afirmativamente: ¡hoy si se puede, ya las aguas dieron permiso, ahora sí es seguro remontar la corriente!…

En las cuatro horas de la travesía Anabel va pensando qué palabras usará en la reunión, las más precisas de su lengua materna, se identificará con su antiguo nombre, impronunciable en español.  Es el día de un encuentro crucial. Los ancianos decidirán cuál o cuáles niños enviaran a la Misión. Ella debe convencerlos de por qué una niña es la mejor candidata. De nuevo vuelve a pensar en el Maestro Manuel, evoca la sabiduría que usó él para convencer a los suyos.

A mediados de la tarde Anabel está de regreso. Su cara rebosa de satisfacción. Los ancianos aceptaron su sugerencia. Una nueva niña será la encargada de cumplir el ciclo. En pocos años tendrá la misión de continuar la labor que hacen todos los maestros en ese medio, servir de intermediarios. Una delicada función en la que deben guardar un precario equilibrio, presentarles a su pueblo los beneficios creados por el hombre blanco, tales como vacunas, tecnologías  y medicinas, sin que ello signifique renunciar a sus prácticas ancestrales.


Anabel sonríe, dibuja una leve línea en la superficie del agua. Mañana de nuevo continuará sus encuentros con los niños…

Tal como Anabel, cada día miles de maestros en todo el planeta dedican sus esfuerzos para que niños y adultos tenga la oportunidad de conocer los mundos que se abren a través de la educación.

En cierta medida todos viven un proceso parecido, porque para el niño que ha pasado  los primeros años de su vida al cuidado del hogar, incorporarse a la escuela significa encontrarse con un mundo nuevo,  donde aprenderá a conocer otros códigos culturales que ampliaran sus perspectivas de la vida.


Los organismos internacionales han querido homenajear la importante labor de los maestros. Por eso cada cinco de octubre se conmemora El Día Mundial De Los Docentes, una fecha que pretende llamar la atención sobre todos los aspectos relacionados con la formación, las condiciones de enseñanza, y las condiciones laborales  y de vida de los docentes.

Está consciente el Organismo Internacional de la necesidad de apoyar con más fuerzas a estos ciudadanos que dedican su vida a iluminar el camino de los demás.


Escrito por: @irvinc

Edición e imágenes: @fermionico


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