De príncipe a tirano | Contenido Original

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Los ojos le arden de tanto llorar, jamás pensó estar prisionera en aquel cuartucho de la gran casona. Lejos están los días de felicidad bajo la protección de sus padres. Cuan arrepentida está de la mala decisión que tomó para seguir los pasos del falso príncipe azul.

¿Dónde quedaron las promesas de amor y de felicidad infinita?

Antes juzgaba severo al padre amoroso cuando no cedía a sus caprichos. Ahora, luego de conocer al tirano, con amargura, entendió que él lo hacía por su propio bien.

¿Cuántas lágrimas habría ahorrado?


Pensó en que el amor erradicaría los arranques de celos, pero en cambio una vez se escapó con él, aumentaron de manera exponencial. Además, si bien su madre le enseñó lo básico de los quehaceres en el hogar, nunca imaginó que cualquier omisión de los mismos o divergencia en cómo él suponía adecuado, causaría una ira inusitada y desconocida hasta aquel fatídico día en que puso los pies en la prisión que imaginó sería su castillo.

De nada le sirvió la refinada educación y las elocuentes palabras pronunciadas durante los encuentros armoniosos cada vez menos frecuentes.

Consideró cualquier objeto en aquel lugar más valioso que ella misma. Al menos era como él la hacía sentir.

Lo peor era que el miedo cobró espacio prominente en ella. Aunque sabía que debía escaparse, también el reto de cambiarlo saboteaba la sensatez.


El autoengaño de que ella tenía el control pronto se fue desvaneciendo con el pasar de los días. Palabras duras y miradas intimidantes presagiaba que en cualquier momento la menos sutil dominación pasaría a la acción.

Recordó las palabras de su madre diciéndole que ninguna mujer debe tolerar violencia de un hombre. Ella le replicó, de nadie.

Entonces, ¿por qué aceptó aquella incómoda situación en nombre del amor? ¿Dónde está el amor que él juró ante la Luna? Bueno, el amor nos hace tontos a veces y en ella, no hizo excepción.

Mira el reloj, como siempre, pronto llegará su carcelero. Así que repasa mentalmente lo que habrá de decir. Está decidida a la liberación, al final, ella entró en su vida porque quiso, y piensa salir de la misma forma.

Seca con el pañuelo el llanto mientras se ve en el espejo. Ha ex-profeso no lavó los platos ni preparó la cena según el cronograma de actividades elaborado por el tirano.


Escucha el giro del cerrojo de la puerta y toma una bocanada del aire enrarecido de la habitación. Cree estar preparada para la batalla campal que espera afrontará cuando él, con su compulsión pegue el grito al cielo al ver los trastos sucios y la mesa vacía.

–¡Demonios, te volviste loca! –, gritó enfurecido.

Ella pensó en cómo era posible que el lavaplatos con escasa vajilla pudiera despertar tal indignación.

–¡Loco estás tú, imbécil! –, respondió en el mismo tono sin salir del cuarto.

Era la primera vez que ella respondía con indignación a los maltratos del defenestrado príncipe azul. 

Con violencia él batió la puerta y de un brinco la agarró por los cabellos. Ella no podía creer lo que estaba pasando. Si bien el trato áspero y la actitud dictatorial era una constante. No esperaba que aquel hombre que la supera en peso y fuerza la agrediera de tal forma.


Intentó luchar, pero fue en vano cuando sintió la almohada sobre el rostro. Le costaba respirar y al cabo de un rato, desfallecía. La vida pendía de bocanadas de aire imposibles de tomar por aquel suave objeto que disfrutaba al dormir. 

Con los ojos desorbitados, y ante el cese de resistencia, la sensatez volvió al desquiciado. Soltó la almohada.

Ella volvió a respirar, aunque inconsciente. 

Aquella noche la muerte rondó muy de cerca a la princesa. Por poco pierde el mayor tesoro que tiene, su propia vida.

Despertó con los rayos del sol a través de la ventana. Con sobresalto buscó al agresor, pero no lo halló. Dedujo,  ya está en camino al trabajo.   


Frente al espejo buscó marcas de violencia, pero la suave almohada no las hizo. No obstante, la decisión estaba tomada. Abandonaría el castillo para siempre y pondría una denuncia en contra del tirano traidor de sus ilusiones.  

Sin arreglarse tomó algunas cosas del guardarropa y sin titubear intentó abrir la puerta que da a la calle. Nada, seguía prisionera.

Así que no tuvo más opción que destruir la bella puerta con el pesado martillo. Le tomó dos horas, pero al fin vislumbra la libertad cedida en nombre de un amor enfermizo.

Como pudo llegó a casa de sus padres, ubicada en el extremo opuesto de la ciudad para contar los fatídicos eventos de la noche anterior, y que casi le cuesta la vida. 

La indignación y furia colmó al apacible padre de tal manera, que sintió hervir la sangre a través de la piel. Por un momento, imaginó con horror la posibilidad real de enterarse de la desgracia. Dio gracias a Dios por no haberlo permitido.


Ya calmados, la familia unida en un emotivo abrazo, acordó ir a denunciar el hecho ante las autoridades.

Luego del evento, ella decidió luchar en contra de la violencia que sufren las mujeres. Aunque en el camino también se encontró con escenarios en la acera del frente, menos frecuentes, pero también condenables. Mujeres que maltratan a hombres, en especial, a los niños inocentes. 

Desde aquel día, fundó una organización en pro defensa de las mujeres que sufrían abusos de sus parejas. Asimismo, abogó por una sana educación de los niños en donde el amor y la comunicación son las bases para un mundo mejor.

Del tirano, solo supo que al tiempo murió en una trifulca callejera a manos del hampa. Sintió pena por él. Él fue un niño abusado.


El relato está inspirado en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, acordado para el 25 de noviembre de cada año por la Organización de las Naciones Unidas con el propósito de erradicar cualquier los actos en contra de las mujeres y las niñas que vulneren los derechos humanos. 

En tal sentido, el objetivo de la ONU para este año, es incentivar mediante la campaña de activismo denominada “Pinta el mundo de naranja: ¡Pongamos fin a la violencia contra las mujeres YA!” para coadyuvar a que tales conductas detestables desaparezcan del orbe al crear conciencia en la población mundial. 

Dile no a la violencia de cualquier tipo.


Escrito por: @janaveda

Edición e imágenes: @fermionico


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